El reciente anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos de Borbón, con la inmediata y acelerada
puesta en marcha de la “maquina sucesoria”, jaleada fundamentalmente desde los partidos
mayoritarios y los medios de comunicación, no hace otra cosa sino reafirmar tanto el profundo
déficit democrático que presenta nuestro país como el agotamiento definitivo del régimen
surgido en 1978.